Desarrollar la empatía en los niños.

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Queridas familias hoy queremos hablaros de la empatía, es decir, la capacidad de ponernos en el lugar en el otro. La empatía es una habilidad de importancia que ayudará a los niños a mantener unas relaciones sociales sanas con su entorno ya que nos permitirá conocer mejor a los demás y también a nosotros mismos.

Si bien la empatía es una habilidad que debe trabajarse, sus efectos, ya sea en el niño o en el adulto, merecen la pena:

  • Gracias a ella podremos mejorar nuestra manera de relacionarnos con los demás.
  • Los vínculos que nacen de estos lazos afectivos son más profundos y ricos.
  • Los niveles de aceptación de una persona empática son mayores y a la vez esto favorece la aceptación de los demás. Por tanto la empatía también nos ayuda a sentirnos integrados entre nuestros compañeros.

¿Cómo podemos desarrollar la empatía de nuestros hijos?

Para trabajar la empatía debemos hacer un esfuerzo para ir más allá de nosotros mismos y aunque esta realidad se hace difícil, sobre todo para los más pequeños, podemos realizar ciertas actividades que nos ayuden en la tarea de ponernos en el lugar de los demás.

  • Diferenciar diferentes emociones: no podremos trabajar la empatía sino sabemos reconocer diferentes emociones. En estas edades tan tempranas podemos usar caras o gestos para acompañarlas y que ellos aprendan a identificarlas. Alegría, tristeza, enfado, miedo, etc son emociones que se pueden comenzar a visualizar.
  • Identificar las suyas propias: para luego poder identificar las de los demás. “estás enfadado porque te han quitado un juguete” “estás contento porque hemos podido salir al parque” etc
  • ¿Cómo te sentirías tú? es una actividad para reflexionar la cual, dependiendo de la madurez del niño, puede aplicarle en muchos momentos o situaciones. Podemos utilizarla para explicarle la consecuencias de diferentes comportamientos o hechos “¿Cómo te sentirías tú si te empujan?” “¿Como te sentirías tú si hoy comieras tu plato favorito?”

Y RECUERDA….

El ejemplo siempre es el primer paso. Por eso ponernos en el lugar de los demás o hablar de nuestros propios sentimientos con el niño es una gran idea que además ayuda a fortalecer lazos familiares.

 

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