Gestionando conflictos en el parque.

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Queridas familias, parece que el buen tiempo ha llegado a Asturias y son muchas las familias que deciden pasar un rato en el parque con sus hijos e hijas. El juego y  la actividad al aire libre suponen importantes beneficios para los niños y niñas y el parque es el espacio idóneo para el disfrute de los más pequeños. ¡Nos encanta!

Sin embargo, durante estos momentos tan divertidos pueden también aflorar pequeños conflictos; siendo un desafío gestionarlos para padres y para niños. A veces un juguete, un lugar en el balancín o un empujón pueden ocasionar estas situaciones y nosotros como padres a menudo nos vemos limitados y no sabemos cómo atajar la situación.

Lo primero que tenemos que tener en cuenta es que los conflictos en el parque son muy comunes; sobre todo en estas edades en la que los pequeños están empezando a adquirir herramientas sociales de comportamiento que van en paralelo al desarrollo de su inteligencia emocional, es decir, están conociendo sus emociones y  aprendiendo a ganar control interno.

Por tanto, ante un conflicto que no implique un peligro, siempre y cuando el niño no nos haya reclamado, debemos procurar observar la situación antes de lanzarnos a actuar. Puede parecernos complicado, pero si nos adelantamos a los acontecimientos nos perderemos la oportunidad de que lo hagan ellos solos.

Hablar con ellos antes de salir de casa siempre es buena idea, podéis hacer una mochila juntos con los juguetes que él desea llevar y recordarle que quizás algún niño quiera acercarse a él y jugar también con ellos. También es buen momento para repasar ciertas normas de convivencia, como que pegar hace daño y no nos gusta.

Si el conflicto se produce y debemos intervenir, lo haremos de una manera neutral y actuando siempre de la misma manera: solo así nuestro hijo conseguirá asumir que todos los niños tienen los mismos derechos.

Por ejemplo: “Ya sé que te gusta el balancín pero ahora mismo Marcos está jugando en él y no se quiere bajar. ¿qué tal si damos un paseo y vemos si luego se ha bajado?”  “La pelota es de ese niño y si no quiere dejárnosla no se la podemos quitar ¿quieres tu cochecito?”

Antes estas situaciones puede que los pequeños reaccionen de una forma agresiva, ya sea empujando o dando un golpe, o lo hagan de una forma pasiva, sin reaccionar ante la situación. En ambos casos debemos ofrecerle alternativas diferentes. No sólo explicándole aquello que podemos o no podemos hacer sino buscando herramientas que le acompañen como cambiar de juego, dar un paseo, etc

En este caso también es un muy importante el no negar los sentimientos del pequeño.  «Si no ha pasado nada, ¿por qué tengo ganas de llorar (o por qué siento tanta rabia)?», se preguntará Juan, confundido. Debemos de explicarse qué ha pasado y que podemos hacer para remediarlo.

Recordemos que las palabras mueven montañas a la hora de resolver conflictos, además ayudan a los niños a poner nombre a lo que están viviendo y a comprender sus sentimientos. Y, sobre todo, son la clave para aprender a negociar, una habilidad indispensable para desenvolvernos en la vida a todas las edades.

y ahora… ¡A jugar!