Qué son las rabietas y como podemos gestionarlas.

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Entendemos por una rabieta como un estado de impaciencia y enfado propio de un niño que pueden desembocar en llantos, gritos o pataleos.

Tanto en la guarde como en casa esta situación suele aparecer bastante a menudo, preocupando a veces al adulto. Pero desde aquí queremos explicaros que las rabietas es un proceso que acompaña al desarrollo del niño,  por tanto es normal que aparezcan sobre todo entre los 18 meses y los 3 años.

Nuestros pequeños están creciendo, cada vez son capaces de hacer mas cosas solitos, su apego va variando y con ello, van descubriendo las normas y límites del hogar, de la escuela y de la vida en general. Normas y límites que a veces no le permiten hacer aquello que quieren, reaccionando con una rabieta ante esta situación.

Y como nuestros pequeños aún no tienen los mecanismos necesarios para autocontrolarse, expresar sus sentimientos o para buscar una alternativa ante esta situación, pues surgen estas reacciones tan desmedidas para ojos del adulto.

Estas reacciones van disminuyendo a medida que el niño se hace mayor y aprende a expresar sus sentimientos de disconformidad de otra manera y para ello, el adulto ha de acompañarle en esta misión. Por ello, os damos algunos consejos para ayudarnos a superar estos momentos:

  • No autoculparnos ni tampoco culpar al niño: esto nos ayudará a tener una visión más racional de la rabieta y por tanto no incrementarla con una reacción nuestra. Debemos de tener en mente que las rabietas son normales y no somos malos padres porque nuestros hijos tengan berrinches; tampoco debemos caer en culpar al niño, pensando que nos quiere provocar a posta, aunque quizás sus motivos nos pueden resultar nimios, para ellos si son importantes y no saben expresarse de otra manera.
  • No gritar al niño ni ponernos bruscos con él: tan solo haremos la situación más violenta para ambos.
  • Explicarles tranquilamente porque NO podemos hacer esa cosa: “no podemos salir a la calle en manga corta porque es invierno, llueve, y podemos enfermar.” por ejemplo.
  • Identificar las causa de la rabieta: a veces puede ser algo claro, otras pueden ser fruto de una demanda de atención, sueño, hambre, celos, etc y si es así compensar estas demandas para evitar caer en estos episodios.
  • Respetar su llanto o respetar si en ese momento no quiere que le abracemos. Pero si aquello que pide no se lo podemos dar o consideramos que no debemos, mantener nuestro NO aunque entendamos que a él no le guste.
  • Una vez que la rabieta finalice podemos hablar con él y explicarle el motivo por el que se sintió así, por el que decimos que NO, como se sentía él y como nos sentimos nosotros. Con el objetivo de que aprendan a reconocer sus sentimientos y lo de los demás.

Pronto nuestras rabietas cada vez serán menos frecuentes y serán un recuerdo de nuestro desarrollo para nosotros. 🙂

Aprendemos a identificar nuestros sentimientos.
dsgdsgdf

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